Cómo desistir de un contrato sin penalizaciones

Cómo desistir de un contrato sin penalizaciones

Desistir de un contrato supone dejarlo sin efectos por decisión unilateral. Es decir, no es necesario que concurra ninguna causa concreta para poder desistir de un contrato. De hecho, en general, ni siquiera es necesario que justifiquemos nuestra decisión.

El problema es que si pudiéramos dejar sin efectos nuestros contratos en cualquier situación no existiría la seguridad jurídica. Los contratos no garantizarían el cumplimiento de las obligaciones, porque cualquiera de las partes podría desistir en cualquier momento dado dejándolos sin efectos.

Por eso el desistimiento se reserva para situaciones muy particulares, que analizaremos a continuación. Entre ellas, la más importante es la que afecta a consumidores y usuarios. Así que dedicaremos gran parte del artículo a explicar cómo desistir de un contrato sin penalizaciones gracias a la normativa de consumo.

¿Qué es el desistimiento y por qué, en general, está prohibido?

El desistimiento del contrato implica un abandono libre de los derechos y obligaciones derivados del mismo. Es decir, una parte contratante (o ambas) puede optar entre cumplir con las obligaciones asumidas o no. Como se entenderá, esta situación es extraordinaria.

El artículo 1091 del Código Civil determina que las obligaciones derivadas de un contrato tienen fuerza de ley entre las partes y deben cumplirse a tenor del mismo. Este principio de cumplimiento de las obligaciones se conoce como “pacta sunt servanda”, y es la piedra angular del tráfico jurídico privado.

Como consecuencia de este principio, el incumplimiento de las obligaciones derivadas de un contrato permite a la contraparte exigir:

  • El cumplimiento del contrato.
  • La resolución del mismo.
  • Una indemnización por los daños y perjuicios derivados de tal incumplimiento.

Pero existen excepciones al principio “pacta sunt servanda”. Una, muy popular estos días, es la cláusula “rebus sic stantibus”, que determina que cuando aparecen circunstancias que los contratantes no pudieron prever y son de tal gravedad que amenazan con destruir el objeto del contrato, las partes pueden solicitar la modificación o anulación del contrato. Se trata de una vía muy utilizada en contratos de arrendamiento de local durante la pandemia por Covid-19.

Otra excepción, que es la que nos ocupa hoy, es el desistimiento. Desistir de un contrato permite optar entre el cumplimiento o no de las obligaciones adquiridas. Pero para ello deben concurrir causas justificadas.

¿En qué casos está permitido desistir de un contrato?

Básicamente está permitido desistir de un contrato:

  • Cuando así lo permite el propio contrato. Es decir, las partes pueden acordar que cualquiera de ellas deje sin efectos unilateralmente el contrato. Para prevenir abusos se suele imponer ciertas condiciones o penalizaciones para el ejercicio del derecho de desistimiento.
  • Cuando así lo impone la ley. En este caso destacan los contratos de consumo, que habilitan a los consumidores y usuarios para dejar sin efecto el contrato bajo determinadas circunstancias.

¿Cómo funciona el desistimiento del contrato en Derecho Privado?

Para que se pueda desistir de un contrato privado, el propio contrato debe admitir esta posibilidad. En caso contrario no estaríamos ante un desistimiento, sino ante un incumplimiento.

Esto no implica que no podamos finalizar un contrato en ningún caso. Por ejemplo, si la contraparte incumple sus obligaciones podremos solicitar la resolución del contrato. Y en el caso de que el objeto del contrato devenga ineficaz o ilegal podremos solicitar su resolución.

Pero estas formas de extinguir la eficacia del contrato dependen de factores ajenos a nuestra mera voluntad. De modo que se trata de situaciones que requieren:

  • El concurso de una causa que perjudique la validez del negocio.
  • Y el ejercicio de una acción específica.

Solo si el contrato admite el desistimiento tendremos la opción de desvincularnos unilateralmente. Y en este caso tendríamos que cumplir con los requisitos establecidos en el pacto (preavisos, penalizaciones…).

¿Cómo desistir de un contrato en materia de consumo?

Pese a lo antedicho, los consumidores y usuarios tienen la posibilidad de acogerse a la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios (en adelante LGDCU) para desistir de un contrato. Esta norma define al consumidor y usuario (art. 3 LGDCU) como:

  • Personas físicas que actúen con propósitos ajenos a su actividad comercial, empresarial, oficio o profesión.
  • Personas jurídicas y entidades sin personalidad jurídica que actúen sin ánimo de lucro en un ámbito ajeno a una actividad comercial o empresarial.

El desistimiento en la normativa de consumo

La LGDCU define en su art. 68 el derecho de desistimiento como la facultad del consumidor y usuario de dejar sin efecto el contrato celebrado. Para ello debe notificarlo a la otra parte contratante dentro del plazo, sin necesidad de justificar su decisión y sin que se le pueda penalizar de ningún modo.

Para garantizar la efectividad de este derecho, la LGDCU declara nulas las cláusulas que impongan penalizaciones al consumidor por ejercitar el derecho de desistimiento. Además, obliga a la contraparte a informar por escrito, de forma clara, comprensible y precisa, de este derecho de desistir del contrato.

El plazo para ejercitar este derecho es, al menos, de 14 días. Pero la LGDCU determina que si la otra parte no cumplió con la mencionada obligación de información, el plazo se extenderá durante doce meses adicionales.

Cómo desistir de un contrato en calidad de consumidor y usuario

La LGDCU determina que no existen formalidades para desistir de un contrato como consumidor y usuario. Sin embargo, impone al consumidor la carga de acreditar que ha desistido del contrato. Por eso conviene que el desistimiento conste por vía fehaciente, como el envío de un burofax.

También indica que el ejercicio de este derecho no puede suponer gastos para el consumidor y usuario.

Al desistir del contrato, las partes deberán restituirse sus prestaciones. Por ejemplo, el consumidor o usuario tendría que devolver los bienes adquiridos y la empresa debería devolverle el dinero abonado. Es importante destacar que la empresa no puede retener ninguna cantidad en concepto de disminución del valor del bien, siempre que este sea consecuente con su uso razonable.

A la hora de devolver el dinero, la empresa contará con un plazo de 14 días. Si no hubiera abonado la suma en tal fecha deberá devolverla duplicada. Además, el consumidor o usuario tendría derecho a reclamar daños y perjuicios.